El proyecto Ullibarri se constituye en un lugar de vida, emprendedor de futuro. Emerge como ámbito y dinamismo alumbrador de esperanza, lugar habitado por historias intensamente vividas en búsqueda de horizontes, sentido.

 

Un lugar que es promesa por su fuerza regeneradora de motivación, confianzas propias y, por dinamicidad relacional e interactiva. El proyecto Ullibarri, desde un entorno de naturaleza, disfrute y proximidad con lo vivo, propicia acogida, despliega sentimientos y comprensión a lo vivido. Trabaja en la elaboración lenta y paciente de los recuerdos, estigmas y tristezas propias. El proyecto se sustenta en la permanente escucha, reflexión, de las singularidades que configuran la historia de cada una de estas personas. Este lugar, priorizando los niveles existenciales históricos de los/as residentes, pretende infundir nuevo aliento de vida capaz de convertirles en creadores definitivos de sus días.                                                                                                                                                                                                                                       

Un espacio que es suelo, arraigo y referencia. El proyecto Ulibarri, proporciona una riqueza significativa por las opciones, personas, dinámicas y planteamientos que lo están sustentando. Lo realmente significativo actúa en oportunidad de suscitar la aparición de algo nuevo, el hacer partícipe a cada uno/a de los/as que integran este espacio en la realización de algo atrayente por su peso significativo e innovador, puede generar un plus de sentido y de razón de vivir. El lugar trabaja en la implicación y alumbramiento de algo significativo social y existencialmente. Comprendemos este ámbito como generador de emprendimientos capaces de involucrar a las personas en la creación de lo que vitalmente les está afectando. El proyecto se afianza en su apropiación creciente por parte de los residentes y de los agentes responsables del mismo. De este modo, se redimensiona la atención, el cuidado y la solicitud, que demandan estas situaciones de precariedad creciente. Los niveles de necesidad que recaban asistencialidad y ayuda, solicitan sensibilidad, habilidades, profesionalidad, forjados y encendidos desde profundidades de sentido. Este lugar se fuerza por abrir un camino de comunicación, diálogo y cordialidad desde una fuerza de autoridad que imprima dirección, sostenibilidad y vigor. En la medida de las posibilidades humanas, económicas, el arraigo ofrece calidad, atención esmerada. Cree en la fuerza sanadora de las dinámicas comunicativas, vinculantes, significativas, así los mismos servicios son instancia humanizadora, potenciadora de dinamismos sanantes.

La franja de la población de hombres y mujeres liberados/as de la productividad remunerada por razón de edad o dependencia, se amplía en dimensiones nunca alcanzadas hasta ahora. Este acontecimiento constituye  un factor  determinante de la humanidad del presente y del futuro. Viene a cuestionar lo humano en los fundamentos y dinamismos en los que se estructura, se proyecta y se autocomprende. La sostenibilidad y validez de las sociedades y las culturas que generamos guardan una relación sustantiva con el afronte, resolución de la cuestión y gestión de las personas comprendidas en esta creciente área de la vida.

El fenómeno cobra significatividad nueva que, por su misma magnitud social, recaba reflexión existencial y emprendimientos sociales y políticos valientes e innovadores. Esta realidad golpea la conciencia y dignidad de lo humano. Demanda una nueva actitud y un nuevo punto de partida. La posibilidad de vida en ampliación creciente, nos planta ante un reto humano, nos fuerza a la pregunta de lo valioso. Ensanchando los horizontes de las edades estamos siendo llevados a interrogantes que nos solicitan en una actividad y creatividad de fondos y de perspectivas.

La prolongación del tiempo biográfico propio debido a factores plurales relacionados a la vez (calidad de vida, productividad creciente de medios, servicios, disminución de factores agresivos en el trabajo, mejora en la asistencia sanitaria, nutrición, una conciencia más globalizada de constituir una única humanidad), la juzgamos un fenómeno, no tanto de superación, como de incremento de cuotas de duración. La suma de años no llega a colmarnos por sí misma. La ampliación de la edad introduce una nueva problemática existencial. El mismo proceso degenerativo que comporta la edad niega toda pretensión de plenitud. La edad avanzada no erradica el sentimiento de la finitud, más bien lo acrecienta. Lo recorrido ensancha el espacio de las preguntas vitales. Las edades en alza revierten la sociedad entera, muy especialmente a los más vinculados: familia, amistades, instituciones sociales, sanitarias, de seguridad  y cuidado. El aplazamiento del final de la vida cuestiona la vida en sus orígenes, insta a hacernos con las cuestiones del porqué, para qué vivir, qué hemos llegado a ser en los años que hemos vivido. Nosotros/as reconocemos un valor y un potencial humanizador crítico y dinámico a este fenómeno que, cada vez más, se extiende a zonas más amplias de la población.

Uno de los principios axiomáticos que vertebra, dinamiza nuestra comprensión y acción en la inmensidad que está siendo y va a ser la emergencia demográfica, social de este sector dominante, constituye la certeza de que la existencia humana es don, surge en donación que nos deniega toda pretensión de posesión, dominio y origen. Allí donde se hace presente, tanto personalmente como en las alteridades que nos envuelven y nos sustentan, demanda y fuerza a acogerlo, creer en él, cuidarlo. El don de la vida es dignidad que conlleva el reconocimiento, el cuidado y, sobre todo, el imperativo de la dignidad nos trabaja en comprensión, nos fuerza a atravesar lo visible, lo inmediato en búsqueda de su fundamento, nos empuja hacia la proximidad de dimensiones que nos trascienden éticamente solicitándonos hacia cuestiones existenciales de la verdad, del valor del ser de cada persona. Una de las consecuencias inmediatas de las reflexiones que venimos pronunciando será que ninguna vida sobra y que toda vida, todas las personas, la sociedad entera se afianza como creación de sentido y de valor en la acogida, integración e interacción que nos hace cuidado mientras existimos y somos. El desvalimiento no genera una población sobrante, sino más bien instiga la creatividad a las dimensiones de sensibilidad, sentido, valor. Una sociedad, un grupo humano, una familia se autentifica posibilitando un acabamiento digno al misterio de la vida que le ha sido confiada como su riqueza mayor.

Nuevo Origen opta por la búsqueda de posibilidades de vida que propicia el fenómeno de la tercera edad. A medida que los baremos de vida ascienden, edades que en tiempos cercanos se estimaban terminales, hoy presenta unas potencialidades creativas de alto nivel sapiencial y de fondo de gratuidad. Gran parte del voluntariado se sustenta en la generosidad de esta franja tan espléndida de la tercera edad. Semejante constatación  nos encamina hacia el abordaje existencial histórico humanizador de la intensidad creativa que acumula los años fraguados de experiencias tan variadas. Este sector constituye uno de los filones más prometedores de riqueza humana. Definimos su riqueza en la libertad de acogida de experiencias positivas y negativas, de memorias dolorosas, trabajosas y gozosas. Buscamos para estas personas que vienen  de trayectorias largas en estas edades, posibilidad de hacerse con la verdad y autenticidad de lo que, por razones complejas, circunstancias singulares, nunca pudieron llegar a ser. Puede ser su gran oportunidad, la vida en su ascenso se densifica en memoria, en recuerdo. Ese pasado vivido no puede negarnos el futuro, ni por culpabilidad, frustraciones, ni por experiencias de muerte de múltiples signos (enfermedades, infidelidades, humillaciones, errores, culpabilidades, pérdidas). Esta hora de su vida es su gran hora, en la que  pueden llegar a reconocer, a apropiar, a acoger, a comprender lo que quedó incrustado en los pliegues de su inconsciente y consciencia sin sentido, sin valor y, ha podido mantenerles en sentimientos hondos de muerte prolongada. Nosotros/as optamos por propiciar a estas existencias un Nuevo Origen.

El movimiento social humanizador que promueve Nuevo Origen, prioriza la tercera edad como la gran posibilidad de singularizar cada una de estas existencias. La socialización interactiva que la tercera edad demanda en una reciprocidad de edades, nos orienta hacia la absolutización de cada existencia en sí misma. El sentimiento de pertenencia a una única humanidad, a un único mundo, la conciencia ecológica que cada vez más nos aproxima a todo lo viviente, a todo lo existente y real, nos insta a planteamiento de la persona como singularidad única de cada persona, que requiere la cercanía, el diálogo, la solicitud. En gran medida,  justificamos la propia vida en la entrega generosa y gratuita que seamos capaces de hacer a cada singularidad personal. El otro, me es revelación de lo insondable de la realidad, del misterio de lo real. La tercera edad puede ser el tiempo en el que las personas acceden al sentimiento de su propia singularidad, a la valía de su persona, a hacer justicia a cuanto han sido, a cuanto han recibido. Nosotros comprendemos la ampliación de la edad de vida como la oportunidad del hallazgo del don de la vida propia, ajena, y de la existencia toda.

El aumento de los días, de los años, ha de forzarnos a la elaboración sapiencial de cuanto se ha vivido, sufrido, gozado, hecho, creado, padecido. Este tiempo lo comprendemos como el exceso que el mismo tiempo nos propicia. Gran parte de las trayectorias de los recorridos existenciales han discurrido, en buena medida, ceñidos a la necesidad, sometidos a la subsistencia, negados al gozo, a la relación, a la fiesta verdadera del vivir y, tantas veces, evadidos de lo propio en busca de significatividades, arrogancias, dominios y dependencias despersonalizadoras. La tercera edad podemos entenderla como el imperativo de los propios días en busca de ese tiempo sapiencial capaz de redimir, reconciliar, reconocer, asumir. Es necesaria la abundancia, los días y noches en los que la tarea se concentra en uno mismo, en la acogida de la propia soledad desde la memoria de todo cuanto se ha vivido. Estos años de la ancianidad ahondan todos los días vividos mientras lo exterior va debilitándose, ese hombre interior se afianza como identidad, intimidad capaz de postular hasta la inmortalidad. Es la hora de los planteamientos totales de la realidad, de la escucha de los sentimientos que han tendido que esperar tantos años para ser oídos, escuchados y tenidos en consideración. El don de la vida encierra una sabiduría escondida, diremos misteriosa, más allá de toda lógica y razón. Por fin rompemos a escuchar las razones del corazón.

La tercera edad demanda gratuidad y justicia, solicita el cuidado, la valoración y la viabilidad de su proyecto y dignidad. Desde nuestra comprensión la dedicación y opción por ser proximidad vinculante y potenciadora de la situación existencial de estas personas, juzgamos que la alternativa más humanizadora, socializadora y dignificadora, es la integración plena desde sus posibilidades necesidades y requerimientos existenciales. Semejante planteamiento demanda una socialización radical  y total en el cuidado, sostenimiento y mejoramiento incesantes de este gran sector. Reivindica por tanto políticas sociales que denieguen todo intento de negocio y propicien una cooperación de lo privado en una interacción diferenciada y complementaria.

Nuevo Origen, emerge en conciencia intensa de don. El trabajo, la responsabilidad, nos arraiga en suelo de gratuidad. El don nos activa en fondo, en dinamismo de fuente. Cuanto recibimos, generosamente nos trabaja en solicitud, custodia y cuidado de la vida. Nuestra alternativa social humanizadora en la inmensidad creciente de la tercera edad nos hunde en el sentimiento creador vocacional de la existencia. El secreto del dinamismo y despliegue del proyecto Nuevo Origen, se fundamenta en la permanente actividad generadora de conciencia y motivadora de energías capaces de responsabilizarnos del otro. El propio yo comprendemos como en alteridad creciente que nos radicaliza en sentimientos de generosidad.

Nuevo Origen, se sustenta y dinamiza en la confluencia de las aguas del testimonio y praxis por alentar cada una de estas existencias, junto con trabajo sapiencial profético que nos constituye en permanente actividad formativa. Asumimos el reto hacia el que nos lanza el proyecto Nuevo Origen desde una opción y prioridad: hemos de hacer brotar el proyecto desde el interior de nuestra roca, de lo que creemos, comprendemos y esperamos. La condición de su permanencia y viabilidad se sustenta en alternativa de existir generando conciencia y motivación, optando por ser aprendiz, como confiesa la Sabiduría,  yo estaba ante Él como aprendiz, gozando de estar con los hijos de los hombres. La radicalidad del planteamiento liberador social, generador de esperanza que es Nuevo Origen, nos demanda en una densidad de pensamiento crítico, motivador, desde una praxis discernida, renovada. La sostenibilidad del proyecto nos requiere en una relacionalidad que nos postula en movimiento y acción permanentes.

Fundamentos

Vivienda Comunitaria Nuevo Origen Ullibarri  Tel. 945 29 34 17   Mov. 646 436 028    email. nuevorigen.ullibarri@gmail.com